martes, 1 de diciembre de 2009

París de Cédric Klapisch


Otro título casi inadvertido en la actual cartelera es París, el homenaje que el director Cédric Klapisch rinde a la capital francesa. Para ello compone una película de lugares comunes y vidas cruzadas, un amplio abanico de historias con las que retratar el París de los que allí residen... Como eje principal del film un joven al que le descubren una grave enfermedad cardíaca que probablemente le lleve a la muerte. Desde entonces se dedica a observar la ciudad y sus habitantes, unas vidas para él anónimas y que contempla desde su especial perspectiva. A su lado, su hermana, una madura mujer con tres hijos y varias historias de amor fracasadas en su haber...

Con este marco el director francés compone un fresco de la ciudad, en el que caben amores imposibles, relaciones familiares complicadas, inmigración y mucho más. Una visión coral que adorna con recurrentes vistas de la ciudad y de alguno de sus lugares enblemáticos, y en el que predomina un cierto tono melancólico...

Encabezan el reparto, Romain Duris y la icónica actriz francesa, desde que protagonizara El paciente inglés, Juliette Binoche, un valor seguro y que se desenvuelve con gran soltura por el film, dotando de matices a su personaje. El resto de papeles, como es propio de este tipo de productos corales, son pequeños y, en este caso solventes.

El París de Cédric Klapisch no es una pelñicula brillante e inolvidable porque carece de la emotividad y fuerza necesarias en la narración de las historias para lograrlo, aunque tampoco parece que lo persiga. Más bien apuesta por un relato muy variado, contado de forma tranquila y pausada, con aire emotivo y que engancha por su calidez y humanidad no sobresaltada. En definitiva un film altamente recomendable para quienes gustan de historias del día a día, tan cercanas como comedidas.

Un nuevo ejemplo de cómo hacer cine agradable, entrañable y humano. Un cine que nos cuenta problemas y sentimientos pero que huye de la exageración, de ambientes opresivos, de drogas y alcohol explícitos, en definitiva de esa narración demoledora, vulgar y vacía, amparada en el supuesto reflejo de la realidad, de la que tanto abusa nuestro cine patrio.

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